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martes, 7 de junio de 2011
Festival Internacional Palabra en el Mundo, Capítulo Chapala.
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Fetival Internacional Palabra en el Mundo, Capítulo Ajijic.
El sábado 21 de mayo realizamos el Festival Internacional Palabra en el Mundo, capítulo Ajijic, Jalisco, México. La ubicasión fue la explanada del Centro Cultural Axixic, en la plaza principal del pueblo. Asistieron escritores y público general. Fue un esfuerzo más sumado a las intensas actividades que desarrolla el festival en todo el orbe. Ya nos estamos preparando para el año que entra.
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martes, 26 de abril de 2011
Feria del Libro de Tonalá 2011.
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El 11, 12 y 13 de abril se llevó a cabo una edición más de la Feria del Libro de Tonalá en aquel municipio. El día 11 precisamente, presenté por la mañana el nuevo número de Meretrices, dedicado en esta ocasión al Cala, vocalista de la emblemática banda Rostros Ocultos. En la mesa compartimos las revistas Va de Nuez y Revé. Destacó por la tarde la presentación de la Editorial Acequia que dirige la escritora y buena amiga Rosario Orozco, el proyecto editorial El Viaje dirigido por Marco Antonio Gabriel y la lectura de poesía con performance de La Rueda Cartonera, de Fernando Zaragoza, Lorena Baker y Sergio Fong, acopañados esa tarde del Kristos, músico de la vecindad.
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Lectura en La Prensa Francesa con el ensamble de Jazz, Acasia.
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jueves, 21 de abril de 2011
Crónica del viaje a Puerto Rico. Día 1, domingo 20-lunes 21 de marzo
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Volver… Con la frente boricua.
Esteban Charpentier
−“Señores pasajeros, este es su capitán hablando, les anunciamos que debido a un instrumento de vuelo que no está respondiendo cancelaremos su salida hasta nuevo aviso”. Con estas palabras comenzó el domingo 20 de marzo mi viaje al Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico 2011, en orgullosa representación de mi país México. Cerca de 160 pasajeros ya sentados en un vuelo que iría de la ciudad de México hacia Panamá para tomar conexiones a otros destinos fuimos reubicados en un hotel de cinco estrellas mientras reparaban el avión. Eso sí, con todos los gastos pagados por la aerolínea. Fue necesario recoger de nuevo el equipaje y esperar a la reprogramación del vuelo. Aunque a la mayoría de los pasajeros les fue asignado un nuevo vuelo al día siguiente a las 4 a.m. a mí, por la conexión a San Juan de Puerto Rico me tocaría viajar hasta el martes al medio día. El Festival Internacional de Poesía, al que acudirían poetas de 18 países de habla hispana, comenzaba el lunes 21 y terminaba el sábado 26 de marzo, por lo que con las noticias de la aerolínea me perdería el acto inaugural y un día de festival. La indignación, aunque mucha, no superaba la conciencia de que el instrumento ese hubiera fallado ya en vuelo y entonces no estaría ahora escribiendo sino flotando en alguna parte del Atlántico con un chaleco al que tienes que soplarle para que se infle. Así que agradecí el tacto y me dispuse a esperar en el hotel mi siguiente vuelo.
Ya instalado, con todo lo quisiera consumir pagado por la aerolínea, como viviendo una escena que sólo en las películas había visto, me senté solo en una mesa para cuatro y abusando de la hospitalidad del bufet llené la mesa de platos con pequeñas porciones de los 21 guisados y postres ofrendados. En la habitación desempaqué mi maleta con la mentalidad de pasar allí hasta el martes de mi vuelo. Como a las 9 de la noche un empleado de la aerolínea se comunicó conmigo, decía que podía volar al día siguiente lunes si me ponía en lista de espera; media hora después me hablaba que siempre no, que sería hasta el martes, media hora después que podía viajar en un vuelo esa misma noche a las 4 am, media hora después que sería mejor el lunes, media hora después que hasta el martes; por momentos creí que viviría como Tom Hanks durmiendo en un hangar del aeropuerto hasta que la aerolínea resolviera mi situación. A las 11:40 de la noche, el mismo empleado me confirmaba: “señor Puglisi, alguien ha cancelado su lugar en el vuelo de las 4 am, si quiere puede viajar esta misma noche, el transporte estará en el hotel a las 12:30 de la madrugada”. Rápido tomé un baño y volví a hacer la maleta para salir al aeropuerto donde tendríamos que documentar a la 1:00 am. Lo más preocupante, y que impidió que pudiera dormir un poco en el transcurso del viaje a Panamá era que viajaríamos en el mismo avión descompuesto al que juraban ya haber instalado la nueva pieza. El sólo imaginar que el instrumento fallara nuevamente y ya en el vuelo provocó un tormento que duró las 3 horas y media que el avión tardaba en llegar a Panamá. El asiento ahora asignado a mi nombre estaba justo junto al ala del avión, en la salida de emergencia, lo primero en explotar en los contingentes aéreos. Pensé: “bueno, si algo pasa seré el primero en caer abatido por las leyes de Newton”. Horas más tarde el avión atravesaba una hermosa panorámica de la ciudad de Panamá, con vista al canal, para aterrizar con todos los estándares de seguridad en el aeropuerto de esa ciudad a las 8:40 am. Había pasado la primera prueba.
Estar en el área de tránsito en un aeropuerto es como estar en ningún lado. No puedes salir a conocer nada del país en turno, estás confinado a una especie de cápsula de Babel donde todo mundo tiene prisa y a la vez espera interminablemente. Si se está el tiempo suficiente uno termina por ver quince o veinte rostros que se repiten por horas, algunos cambian entre ellos cabelleras, vestimentas, colores de piel, pero en definitiva son los mismos. Todos los aeropuertos, por lo menos en Latinoamérica son idénticos, los asientos separados por el respaldo de la mano, las tiendas llenas de señoras de cien ojos comprando cosas para sus maridos, los Starbucks con güeros gordos de nariz roja devorando sendos platos que podrían alimentar kilómetros de hambre en lejanos continentes, los pequeños grupos de tripulación de vuelo formados por orgullosos capitanes, nerviosos asistentes de vuelo y amables azafatas de todas razas. La espera allí (como dicen los mayas: en el espacio del no-espacio), fue de tres horas antes de volar pasado el medio día hacia San Juan de Puerto Rico.
La inauguración del Festival en el auditorio de la Universidad Interamericana de Puerto Rico.
Crónica del viaje a Puerto Rico. Día 2, martes 22 de marzo.
No hubo poder humano que me hiciera incorporarme a la actividad matutina. Poco antes del medio día, con un café que amablemente me brindó nuestra coordinadora, cocinera, ama de llaves, amiga y todóloga Linda Rosa, comencé a conocer a los poetas participantes. Como había perdido el grupo de la mañana (cosa que ahora agradezco) salí con otro grupo que realizaría actividades en un hospital para niños enfermos especialmente de cáncer, llamado Hospital San Jorge. El impacto de estar allí fue impresionante, sentí a cabalidad lo que muchas veces he escuchado sobre los niños enfermos que muestran más valor, entereza y alegría que muchos que no lo están. Los poetas del grupo, que leyeron poesía a niños que caminan conectados al catéter e incluso a algunos en la misma cama en que convalecían salieron de allí conmovidos por la fuerza de los pequeños.
Después un grupo conformado por los poetas españoles Chema Cotarelo, Paco Vaquero, el poeta panameño Porfirio Salazar, y Luis Estrada, un caballero de la localidad que gentilmente se ofreció a darnos un recorrido por el área turística, salimos hacia el Viejo San Juan. La larga caminata incluyó el edificio del Congreso, una estructura legislativa típica hecha de mármol y piedra, la muralla que defendió el puerto de San Juan hace siglos, la garita de la Puerta de Tierra, la fortaleza del Morro, sede de la defensa del puerto, la plaza Colón, el museo de las Américas, el hotel Las Aves del Paraíso, la plaza principal y prácticamente todas las calles del Viejo San Juan. Terminamos esa tarde con mi primer encuentro cercano con la comida tradicional de Puerto Rico, la que está hecha a base de plátano: frito, cocido, machacado, rebanado, horneado, tostado, relleno, etc., etc., etc. Ahora mismo describo los cinco platillos ganadores del viaje a Puerto Rico, algunos de ellos con nombres bien interesantes. Primero están los Tostones, son rebanadas de plátano verde aplastadas y tostadas que se usan en muchas casas como un sustituto del pan (por supuesto las tortillas ni las conocen), sirven para acompañar casi todos los alimentos; luego está el Mofongo, plátano verde frito y mezclado como un puré seco con ajo, puede llevar un bacalao encima o se puede hacer con la forma de una ollita y relleno de pollo, carne o mariscos; le siguen las Alcapurrias, grandes croquetas hechas de masa de plátano guineo y rellenas de carne; luego sigue el Arroz con Gandules, un arroz preparado con tomate o achiote que toma un color amarillo como de paella y que está mezclado con tocino y gandules, una especie de lentejas grandes; por último está el plato más tradicional de Puerto Rico: Arroz con Habichuelas y Bisté Encebollado, arroz blanco que se sirve con una taza de habichuelas (que no es otra cosa que frijoles enteros espesos guisados con tomate y especias) y una simple pieza de carne con cebolla acaramelada que sabe totalmente distinto del que preparamos en México, principalmente por los condimentos utilizados en su preparación. Aunque hay otros platillos recomendables como las Pastelitos que son tamales hechos de masa de plátano, rellenos y cocidos en hoja de plátano o el Mangú que es un puré suave semidulce hecho de plátano y cebollas, esos cinco fueron los que me cautivaron.
Tras la comida nos trasladamos al Centro Cultural Casa Aboy, para una lectura de poesía de algunos de los compañeros. En ella participamos Frank Báez (República Dominicana), Robert Max Steenkist (Colombia), Jesús Bárquet (Cuba), Esteban Charpentier (Argentina), yo (México) y de Puerto Rico los poetas Etnairis Rivera, Jorge David Capiello, José Luis Vega y Ana María Fuster. Después del coctel ofrecido por los organizadores nos reunimos un grupo de poetas para cometer la primera transgresión del festival: irrumpir con la poesía un bar de reggaetón en el que nos habíamos reunido la noche anterior. Lo conformaban los poetas Esteban Charpentier, Frank Báez, Robert Max Steenkist, Mario Z Puglisi más Salvador Medina Barahona (Panamá), Waldina Mejía (Honduras) y Vladimir Baiza (El Salvador). Sucedió lo impensable, un estridente bar lleno de universitarios junto a una ruidosa gasolinera se detuvo por unos cuantos minutos para que los susodichos llevaran la poesía fuera de los recintos mal llamados sagrados. La noche terminó tarde ese día, pero con los corazones llenos aún de festejo.









